Las imágenes de la sal y de la luz se refieren a las «buenas obras» del discípulo, que al vivir según las enseñanzas de Jesús manifiesta con su vida la bondad del «Padre que está en el cielo» y, al mismo tiempo, con ella glorifica a Dios.
Las imágenes de la sal y de la luz se refieren a las «buenas obras» del discípulo, que al vivir según las enseñanzas de Jesús manifiesta con su vida la bondad del «Padre que está en el cielo» y, al mismo tiempo, con ella glorifica a Dios.
La solemnidad de la Epifanía del Señor nos invita a abrir nuestros cofres, es decir, nuestros corazones para dejarnos transformar por la luz de Dios.
Acoger la luz es obrar según el corazón de Jesús, es seguir el evangelio y pasar haciendo el bien, sin nunca dejar a otros en la oscuridad