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Pedro González, S.J., o «Chalín», como le decimos de cariño en nuestra comunidad del Liceo Javier, es un hombre de mundo. Con 94 años encima se las sabe todas. Lo vemos llegar apoyado en su andador, acompañado de Marlene o Pedro —enfermeros a cargo de su cuidad—, a la misa que tenemos diariamente a las 5:00 p. m., lleno de actitud. Él suele preparar durante todo el día la reflexión sobre las lecturas cuando le toca misa ese día. Incluso llega tarde a almorzar.

Su voz, forjada con los ejercicios de vocalización propios de un cantante, conserva la reciedumbre que siempre lo acompañó y que lo llevó a dar clases de canto en distintos colegios de la Provincia jesuita de Centroamérica y a dirigir un coro durante la visita del Papa, hace algún tiempo. Chalín desborda entusiasmo apabullante, y aunque se autoproclama un amante de la vida, suele decir con cierto aire de nostalgia: “Bueno, pero yo estoy esperando la siguiente vida, donde yo creo que me lo pasaré fenomenal”.

Espera con ansias juveniles la llegada de cada domingo, su día favorito. Por dos razones: la misa del domingo para él es una fiesta, y ese día el Hermano Rolando, S. J., dispone de helado para compartir.

Un personaje como éste, lleno de experiencias y de vitalidad, siendo un nonagenario, es el que me ha motivado a dedicarle un escrito. Para ello, comparto una de las muchas conversaciones que he tenido con él, a lo largo de mi tiempo como maestrillo en Guatemala. Escuchar sus palabras, llena de sabiduría y motivación, pueden ser un aliciente para seguir adelante, para tomarnos la vida en serio y, sobre todo, ver con esperanza el camino de esta vida, aun con las dificultades que aparezcan. Chalín es una invitación a la perseverancia, aun cuando el destino nos muestra nuestras sombras. Es un ejemplo de alegría, cuando los años parecieran obligar a cualquiera a tumbarse en la cama.

Aquí les dejo mi plática.

Yo: Chalín, contame.

Él: ¿Qué quieres que te cuente?

Yo: El país que más recordás de los que visitaste y por qué.

Él: Uuuuuy, mirá, es que han sido tantos, que no me recuerdo. Bueno, el país donde más sentido espiritual he encontrado es en Italia, porque allí hice mi teología y allí fue mi ordenación sacerdotal, cosa tremenda, con Pablo VI. Entonces tuve la ventaja de que como es santo, él se ha de estar acordando de mí en el Cielo. Y es la verdad, no es ningún chiste, ni ninguna broma. Y es una ventaja porque él en el Cielo, se ha de acordar de todo el bien que ha hecho y encomendará a los que no somos santos todavía, verdad; pero podemos serlo, jeje.

Yo: ¿Qué pieza era la que tocabas en el órgano cuando aquel señor se acercó a escucharte y te hizo la oferta de regalarte lo que pidieras?

Él: Era Tocata y fuga en Re menor, de Bach. Yo tocaba música buena. Didodi-Didodidodido

Yo: ¿Y en Venecia cómo te fue cuando estuviste por allí?

Él: Me fue muy bien, es una isla muy bonita. Daba gusto ver el paisaje, marino a las orillas. Allí sacaba un curso de música litúrgica con los benedictinos. Pero fui, además, de gratis porque era una beca que ofrecieron aquí a Centroamérica. Y como yo estaba por aquí siempre de músico, entonces me dijo el provincial de ese momento que estaba esa oportunidad. Pero detrás de eso hay una historia que me ocurrió, porque yo comenzaba a hacer un tercer año de magisterio.  

Yo: A ver, ¿qué te paso?

Él: Eso estuvo muy bueno. Pues, fíjate lo que es la providencia. Me quedé maravillado. Yo estaba en mi magisterio en Nicaragua, y los nicaragüenses son un poquito alborotados, ¿no? Entonces, los muchachos eran un poco traviesos y yo no andaba tanta paciencia ya y a uno le di una torta pequeña en la cabeza. Lo primero que hizo el muchacho fue ir a quejarse al que mandaba, al coordinador de secundaria, un padre muy estricto. Y yo, pues, siempre he sido un tipo bromista y alegre. Y, pues, el rector me llamó y me dijo: “Bueno, pues, siendo así te tocará hacer otro año de magisterio”. Y yo le contesté: “Bien, bien, sin problema, hagamos un año más de magisterio”. Y a él le disgustó que yo actuara con esa actitud de nada de llorar. Le supo mal eso. Entonces dijo: “Bueno, no harás uno más, sino dos años más de magisterio”. Y yo dije: “Ah, pues, vamos por esos otros dos”. Y aquel hombre con la cara desencajada, fue poniendo más años y así llegamos hasta diez. ¡Te imaginas! Yo estaba convencido de que yo sería el último en hablar y lo logré.

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Yo: Sos un caso, Chalín.

Él: Y fíjate que tuve la oportunidad de hacer amistad con el Padre General cuando estuve por Italia. Y cuando lo de su enfermedad y muerte, yo lo pude acompañar todos los días. Fue él quien me dijo que si quería podía ordenarme el Papa Pablo VI. Es que la verdad, yo he sido un tipo de muchísima suerte, aunque haya pasado por momentos como el que te dije. Y fue fenomenal aquello.

Yo: Chalín, y contame, ¿qué creés que es lo que te ha mantenido con ese sentido del humor?

Él: Pues el que yo me he encontrado alegre en la Compañía, verdad. Yo nunca he tenido así, depresiones severas que hayan querido arrancar de aquí. Me ha ido muy bien. Es decir, tenía contrastes, ¿no? Espiritualmente, también, yo soy, ¿cómo podría decirte?, de bastante confianza en el Señor. Tengo un gran amor por Jesús, verdad y también, uno muy especial, hacia la Virgen María. Ella es algo súper especial para mí. La veo con mucha reverencia, a la espera de besar los pies de la Virgen. Y creo que eso a ella le gusta mucho. Una reverencia humilde y bonita. Es fenomenal, entonces, confiar en ella, decirle las cosas a Jesús a través de ella.

Yo: ¿Qué consejo nos darías a los religiosos jóvenes de hoy?

Él: Yo diría que fomentar mucho el amor. Allí está lo principal, por decirlo así. Porque, así como otros se enamoran de una muchacha a tal punto que algunos se casan, pues en la vida religiosa es lo mismo; pero con respecto a Jesús y la Virgen María. O sea, hay que estar enamorados de él, ¿no? Y yo, pues, por Jesús y la Virgen he llorado mucho, ¿no? Es un contacto de vida. Si están bien las cosas con ellos, todo lo demás también. Y luego, si te pasa alguna cosa, no desesperarte, ¿no?

Yo: De acuerdo, Chalín.

Él: Yo estuve muy entusiasmado con crear un Centro de Imagen y Sonido. Y cuando yo fui a pedir dinero para ello, lo primero que me dijeron fue: ni un centavo. Y, sin haberlo pensado anteriormente, de repente me salió decirle a mi Provincial: “Bueno, pero ¿me daría permiso para ir a pedir dinero a las casas nuestras?”. Y él me respondió: “Ah eso sí, todo lo que quieras”. Entonces yo dije para mis adentros: “Pues yo me iré por todo el mundo”. Hombre, y que me recorrí toda América. Me fui desde Argentina hasta Canadá. Y, por si fuera poco, toda Europa. Ahí sí que actuó la mano de Dios. Me fue fenomenalmente en todos los sitios. Y, además, que a mí no me conocían. Y, luego, me las tuve que arreglar hablando solo español. Así fui hasta Rusia. Yo me quedé maravillado.

Yo: Sin duda, Chalín.

Él: Llegué a Pekín, en China. Allí no pedí nada porque no sabía cómo arreglármelas en chino. Estuve en un hotel en el que me puse a tocar el piano y la gente aplaudía. Luego me fui al Japón. Y en el Japón, mira lo que es la mano de Dios, allí no sabía tampoco qué hacer. Pero en Tokio me hallé una comunidad de los que hablaban japonés y otra de los que hablaban español. Y me encontré allí, imagínate, al padre Arrupe, que era mi amigo.

Yo: ¿Y qué te dijo Arrupe?

Él: Pues, me felicitó por lo que estaba haciendo. Luego regresé y fundé el Centro de Imagen y Sonido en el mejor edificio de Guatemala, de entonces. Frente al Palacio Nacional, uno que tiene seis o siete pisos.

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Chalín dejó un gran legado a Guatemala y a la Compañía de Jesús con el Centro de Imagen y Sonido. Trabajó en el proyecto durante treinta años. Llegó a los hogares de miles de personas, con programas sobre reflexión de la Palabra y animando a la niñez. Hoy, mientras contempla el cielo desde el corredor de la enfermería del Liceo Javier, mira en sus pasos y se alegra de haber entregado su vida al Señor, mediante el oficio de comunicador y músico. Y mientras llega esa otra vida que él espera con ansias, para besar, como él mismo lo dice, los pies de la Virgen, nosotros nos alegramos de verlo sonreír y decir: “Que aproveche, que tengan un buen día”.

Por H. Antonio Aguilera, S.J.

Antonio Aguilera, SJ

Hermano jesuita del municipio de Orocuina, Choluteca, departamento del sur de Honduras. Amante del arte y apasionado de la vida. Estudié Literatura en la UNAH. Formé parte de la asociación de escritores y artistas de Honduras, egresé del taller literario “De dónde nacen los cuentos”, dirigido por el escritor Juan Bonilla. Entré al noviciado jesuita en Panamá en el 2018, luego de hacer mi prenoviciado en Nicaragua. Estudié una Maestría en Filosofía y Ciencias Sociales en el ITESO (Universidad Jesuita de Guadalajara). Fui incluido en la Antología poética en idioma castellano “Voces emergentes de la literatura” en el año 2021, por Ediciones Alborismos de Venezuela, también fui ganador de los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango 2022, en la rama de poesía, con la obra “Se van”. Actualmente soy profesor en el Colegio Liceo Javier de la Ciudad de Guatemala.